by admin, agosto 10, 2026

About

María Poyatos nació un 22 de junio, recién estrenado verano del 89, en la que fuera capital de la íbera Oretania, en la famosa Cástulo de la ya aculturada Carthaginensis, en algún rincón del esplendoroso Califato de Córdoba, en una villa donde el viento sopla quejíos de taranta, en paisajes verde aceituna, en regiones de conquista y en enclaves de re-conquista. En Linares, en Jaén, en Andalucía. Y toda la infancia la pasó rodeada de ese olor característico a almazara, de la historia de placitas e iglesias, del sonido de cornetas y tambores y, sobre todo, del orgullo de quien vive enamorado de su tierra porque nunca ha salido de ella. Y por esos lares creció a base de juguetes, largas ausencias paternales, sueños de llegar a la edad adulta —craso error— y primeras responsabilidades franternales. A todo ello les siguieron los grandes resultados académicos gracias al esfuerzo, ganas de pisar la luna o el Congreso de los Diputados, especulaciones acerca de un añorado primer beso, compañeras de pupitre, vacaciones escasas y modestas, rabietas constantes contra las injusticias y tres metas que cumplir: tocar un instrumento —y, por ganas, dedicarse a la música—, aprender a escribir con cierta calidad y vivir en Italia. Y, quizá por terquedad, tal vez por suerte infinita, cumplió dos y media. Desde entonces, María ha alcanzado un aprobado en el disfrute social, un notable en las metas alcanzadas y un sobresaliente en el amor más puro destinado a quien lo ha querido recibir y devolver. Como persona de bien, mediocridad escondida en un halo de pedantería, pretende acrecentar este fuero interno gracias a experiencias de cualquier tipo, revolviendo la vida en busca de un nuevo leitmotiv como quien busca una aguja en un pajar.

«El corazón atiende a razones que la razón no entiende», «Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos nosotros de lo que han hecho de nosotros», «No llega antes el que va más rápido, sino el que sabe adonde va» constituyen ese tipo de citas célebres manidas que pueden llegar a cansar, pero no por ello dejar de tener la misma razón. Así, en palabras de otros genios, define María su línea argumental: el sentimentalismo por encima del raciocinio, los resquicios de un pasado mil veces exhumado que siempre repercute sobre el futuro y la paciencia acompañada de leves dosis de expectativas y miras de las que jamás alejarse. Y así, solo así, puede que algún día María Poyatos, Poyatos o Poyatitos, sea capaz de alcanzar su pequeño reducto en el mundo de la escritura. Su trampolín hacia un profundo deseo de infancia: convertir su vida en una obra de arte.